martes, 26 de enero de 2016

Tirobarra y cerro Minguete, tirirí-tirirete.

El día que amaneció cinco veces(*) fue un domingo sorprendente por lo despejado y por la increíble temperatura, que a la hora de la vuelta era casi de 20º C. También fue sorprendente lo temprano que nos levantamos para estar de vuelta prontito, que los hermanos García tenían celebración (no lo comentéis por ahí, pero uno de ellos ya cumple cuarenta y diez y no se llama Joaquín).


La luz de esa hora tan temprana es espectacular, de tal modo que si te concentras puedes llegar a un estado extático tal que casi ni te das cuenta de que estás pedaleando con cuatro kilos de mochila a la chepa y cincuenta y dos tacazos dentro de tu propio cuerpo humanoide. Que entre el agua, las viandas y las setecientas prendas de abrigo que echamos porsi, parecemos caracoles. Y todo para que luego resulte un día como el de hoy, en el que sobraba la mayoría. En fin...


Ocho éramos en el grupo sherpa los que subimos, ya sin tanto barro como la pasada semana, hasta la Fuenfría por los clásicos y archiconocidos senderetes de los que todavía no nos hemos llegado a aburrir. Nunca son iguales, siempre hay algo que cambia: el terreno, el paisaje, la compañía, el clima, la forma física, la conversación... incluso el humor. Todo ello hace que estos caminos sean de todo... ¡excepto aburridos!


¡Adiós, troncoooo...!


Como el cuñao Ignacio no paró de azuzarnos durante toda la subida para que fuéramos más y más deprisa, en un brir y cerrar de ojos llegamos a la Pradera de La Fuenfría, luminoso paisaje entre los más luminosos paisajes. La verdad es que daba gusto, merecía la pena haber madrugado un poquitín.



Si nuestra meta no hubiera sido otra, habría sido un lugar estupendo para echarse a dormitar hasta las tres y veinticinco de la tarde. Pero semos sherpas, y nos debemos a nuestro oficio, que es de-sufrir sin quejarnos demasiado. Que más nos vale (hablo de no quejarnos demasiado), porque cuando solté un levísimo ¡ay, Señor! a la hora de la comida, mi señora suegra me volvió a recordar eso de la ausencia del picor de la sarna cuando está relacionada con el gusto. Y no puedo por menos que darla todísima la razón y poner punto en boca.


Y la meta de la que hablo que ya empiezo a desvariar, estaba más allá de Marichiva y más allá de Tirobarra, así que paso a paso, enfilamos la calzada romana, que es quinientas veces más divertida (aunque sea algo más durilla) que la subida por la "autopista" hasta La Fuenfría. En esta ocasión el sol frontal y las resbaladizas piedras amenizaron nuestro recorrido hasta el puerto, que en la literatura hay referidas ocasiones en las que el ciclista llega a La Fuenfría dormido encima de la montura a causa del aburrimiento, de veras.


Antes de esto habíamos visto pasar fugazmente al núcleo duro Kamorka: David y Ángel, los cuales parecía que estaban siendo perseguidos por el mismísimo demonio Belcebú, tal era su prisa. En el descanso, la merendilla que nadie se atreve a llevar en su mochila: el clasiquísimo bocadillo de fuagrás con el que ha crecido toda mi generación, mil veces mejor que la porquería en bote con la que se dopa el cuñao cada mañana que sale en bici. ¡Ya veréis el día que suba la tableta de chocolate y la meta en la miga de una viena partida por la mitad!

Arriba, en el puerto, desbandada general: Chomin, a sus labores (luego nos enteramos que se encontró con Talus, ¡qué peligro!); Pelé a descargar la batería de su burra y David y Rueda, aunque nos acompañaron durante un ratín, se volvieron pronto porque tenían que pasar la aspiradora para recargar bicipuntos, que la cosita está mu-mala.


Nuestro objetivo a estas alturas ya no es secreto, más que nada porque lo pone en el título de la entrada. Y es que el cumpleañero lo propuso porque tenía el sano antojo de bajar del cerro Minguete "con una bici de verdad". Entrecomillo uas palabras que, si no son literales, sí que hacen honor al espíritu de lo que el mismo Sherpol me transmitió el sábado anterior.


El sendero "secreto" a Marichiva (es verdad que nunca hemos visto ni rasto de bicis en él) es más exigente de lo que parece, ¡pero las dificultades esculpen nuestro carácter, qué caramba! En la foto, los García Bros. atraviesan los mismísimos Ojos del Río Moros. Bueno, puede que un poco más abajo ya que estámbamos "sólo" a 1800 m. aún, pero el agua manaba ahí mismito, a dos escasos metros por debajo de donde veis a Ete.


La parte interesante de la película viene ahora, en el tramo en el que hay que arrastrar. Y no es un arrastrar figurado, sino literal: Arrastras la bici, frenas porque en caso contrario se esliza hacia atrás (eslizar es más que resbalar, ¡dónde va a parar!), respiras un poco abriendo las fauces lo que dan las mandíbulas, te apoyas en la bici que está momentáneamente asentada y vuelves a arrastrar. Esto repetido unas trescientas veces y ya estás de nuevo en un senderete majo. Sin resuello... pero estás. Esta vez bien, pero la última recuerdo que tuve que desandar un rato para recoger el corazón que se me había salido por la boca.

(Pero es que la última vez no había tomado bocata de fuagrás).


Ahora pienso que si me llego a resbalar haciendo esta foto, aparecemos Ete y yo (con nustras sendas bicis) en El Espinar.


Ya en el sendero aún queda un rato de disfrute relativo, sube y baja agotador. Incluso en algún momento llegamos a pisar nieve. Nieve, sí; eso blanco y frío que caía antes en invierno.


Momento voltaico de Sherpol a escasos cincuenta metros del collado de Tirobarra: calambre fuerza seis en la escala sherpa. Aunque más tarde, la autoridad en la materia (léase cuñao Ignacio), lo rebajara a la categoría de entre leve y moderado (grado cinco) atendiendo a la rápida recuperación y, sobre todo, al escaso número de revolcones (6) y estertores (8) que se contaron en el referido episodio.

Aquí Sherpol no tenía claro llegar a cumplir los 50
Poco paramos en el Tiro de la Barra, ya que soplaba un viento de mil demonios. Tomamos el camino hacia el Cerro Minguete, pero por debajo del que tomamos en la última ocasión.


Ya sea por el episodio calambril, ya sea por lo avanzado de la hora (para los García, que tenían reservada mesa), hubo un momento de vacilación que prontamente atajé con un decidido "¡¡¡amostú-pallá, tirapa'lante, cagüentó!!!" que no tenía yo muy claro, pero que sonó lo suficientemente decidido como para salvar la etapa. ¡Menos mal! Una vez allí, no hubiera quedado "sherpa" haberse dado la vuelta.


En lo que llegamos al Minguete, cosa que no fue fácil (bajamos a 1975, subimos a 2000, bajamos a 1970, volvemos a subir a 2020, todo esto en 2 engañosos kilómetros) os explico eso de "el día en que amaneció cinco veces". Veréis: resulta que al final del camino de los Tanques, serían un poco pasadas las 9 de la mañana, el padre sol asomó allá por Peñalara, y en lo que llegamos a la altura del Rancho de Santillana y debido a nuestros sube y bajas contínuos, el mismo sol se volvía a esconder para aparecer de nuevo, así hasta cinco veces, ora por Dos Hermanas, ora por Matabueyes, ora pro nobis.


Como no habían llevado bocata de fuagrás, mal aconsejados que están, estos enagüillas se vieron obligados a arrastrar la bici hasta la cima del Minguete. No les vio nadie, pero ya estaba yo ahí para hacerles la foto, jeje, mala leche me gasto.


A 2020 nuestro objetivo de hoy. Desde allí estaba previsto el descenso al estilo "sálvese quien pueda y espérame abajo a ver si llego entero" por uno de los pedregales más pedregosos y pedregalientos en el límite de lo ciclable, al lo menos para unos que se apellidan cosas como García y Gómez y no McCaskill o así.


Además, haciendo una sencilla cuenta, al fin y al cabo somos cuatro señores mayores en bici que promediamos 52 añitos. Lo cual explica (en parte) esta lamentable instantánea. ¡Aunque bien lo hubiésemos firmado cuando comenzábamos con estas tareas frisando los tiernos 25 años!


Un par de andarines que estaban acurrucados en la cima accedieron a desacurrucarse para inmortalizar el momento. El mismísimo ejército de Pancho Villa no habría posado peor.

Para la historia sherpa: 24 de enero, Pablo en manga corta.
Título: "panorámica con bisho". A la izquierda el Montón de Trigo. Lo que me trae a la cabezota: ¿se podrá subir?¿se podrá bajar? No, no; es broma.


En esta foto, aguzando la vista y entornando los ojos, podréis ver a Chomin y Jorge dando brincos por ahí abajo. Muy lejos no podían andar. Luego me contó Jorge que estuvo con un actor colombiano. Bueno, nosotros, a nuestro nivel, también llevamos a Ignacio, reconocido intérprete pop, que nos obsequió con un breve (gracias a Dios) fragmento del "Como una ola" de la Jurado. Inenarrable.


Y aquí es donde Murphy se me hizo presente en su máxima expresión. Años hacía que no sacaba la GoPro y hoy, justo para grabar esta bajada, la había echado a la mochila. Pues casi no tengo ni que contarlo, porque seguro que lo estáis imaginando, sagaces lectores, que dibujáis en estos instantes una maliciosa sonrisa en vuestros rostros. Yo le dí al botoncito, pero el aparato del demonio no grabó ná. Pero NÁ de NÁ. Y de verdad que la parte alta merece la pena verse, porque es un pedregal difícil y suelto, en el que hay que ir buscando constantemente una trazada que nunca coincide con el sendero. Los brazos y los hombros trabajan duro y pasado un rato el cuerpo te pide parar para descansar, pues el agarrotamiento general hace que a la mínima te vayas al durísimo suelo. Y como no quería que pasara ni eso ni nada parecido, al roto paré. Y de ese modo pude ver que la cámara no estaba con el pilotito encendido. ¡Ni se me pasó por el tiesto desandar lo ciclado!

Pero algo se verá en el vídeo, aunque sea ya desde el tramo central, ya con más vegetación y de terreno más "sujeto". Hice esta foto con el pulso tembloroso en el último trecho, muy rápido y sencillo, casi desembocando en el puerto, donde la gente que te ve aparecer te miran sorprendidos.


Reagrupamiento. Uno, dos...


...y tres.


El resto de la historia es una rápida vuelta con un terreno casi perfecto, a no ser por las zonas embarradas (también se ven algunas en el vídeo) y con un viento en popa que ya hubiera querido Russell Crow en Master and Commander


El vídeo prometido, con una banda sonora muy currada, pero en el que tengo que decir que he suprimido las escenas más fuertes de violencia y sexo. Tened en cuenta que hacía eones que no editaba un vídeo de estos, que se me ha olvidado. Aquí va, sólo para paladares exigentes, sherpa's cut:


domingo, 17 de enero de 2016

¡Sin birras!

Y sin bicipuntos. Y sin texto, que no me da la gana y para eso mando (por lo menos aquí sí). Fotos para que no se nos olvide, y ya está. Que de todo se aprende, jeje.

Aunque el frío no fue lo peor, comenzamos en Puentilandia a unos agradabilísimos -3ºC.

Cronológicamente:

Izq-dcha: Ete, Ignacio, Jorge, Chomin, David.









(Había hielo, aunque no lo parezca)
 










Ojiplatic sherpa!
 

Labores de poda también en el cuartel general. Este año va a haber manzanas como melocotones y melocotones como melones.



Trialera: Dícese de la parte del camino donde tus huevos abandonan su lugar para hacerle compañia a la garganta.